EL HOMBRE IGNIFUGO

EL HOMBRE IGNIFUGO :
SONIA VALLE:
Empecé a caerle bien cuando un ligón de boda con el aspecto aniñado, dentro de las posibilidades de sus cuarenta ´y dos años "imedio" (esto lo digo porque era como el pegamento con las mujeres), se acercó para presentárseme y cuando le dije mi nombre y apellidos no dudó en hacer el chistecillo mirándola de reojo y sonriendo por su mejor perfil.
La mirada fulminante que lanzaron los cinco sentidos de Sonia fue como un puño en la boca del estómago para Luis Manuel, y el inicio de una gran amistad para nosotros.
A Sonia le gustaba mucho andar.
Un día, mientras paseábamos, ella me contó su primera experiencia sexual: " fue una dulce mierda. No en la playa a la luz de la luna o en una lujosa cama con sabanas de raso, no. Ocurrió en un portal en penumbra el día menos pensado y con un índice etílico capaz de romper todas las estadísticas en cualquier control de alcoholemia. Por supuesto no me corrí y si lo hice ni me enteré; y a él tampoco le fue muy bien. Como yo era virgen le costaba muchísimo metérmela se le doblaba y nos reíamos."
Sonia, cada vez que se acordaba de esas cosas reía semihistérica y me agarraba de la cintura, medio inocente medio consciente de que lo que conseguía siempre era hacerme trempar. ¡Y de qué manera!...Casi siempre terminábamos haciéndolo en plan salvaje en cualquier cabina, entre dos camiones... Una vez lo hicimos en un parque a media tarde. Ella sentada a horcajadas sobre mí aprovechando la discreción de su larga falda hasta los tobillos. La gente paseaba y no ocultaba su asombro al ver que botaba literalmente sobre mí con susurrantes jadeos rítmicos a modo de acompañamiento.
Ese día no hicimos nada y para cuando nos dimos cuenta habíamos caminado casi dieciocho kilómetros.
Seguimos siendo amigos. Sonia trabaja de interprete en el consulado austríaco y suele hacer excursiones a pié con los más atractivos embajadores y diplomáticos que visitan la ciudad.

10 DE MARZO:
Me gusta levantarme empalmado. Lo primero que hago es beber un vaso de agua y meter dos rebanadas de pan en la tostadora; mientras tanto, mi pene vuelve a ser mas o menos dominable y entonces puedo mear sin derramar nada mientras me encuentro espinillas nuevas a través del espejo.
Después de ducharme salgo con la toalla a la cintura al balcón y observo las ventanas de enfrente. Respiro profundamente y percibo cómo va desperezándose la ciudad hasta que, en menos de quince minutos, el bullicio y los motores se hacen estruendosos. Entonces cierro la puerta y me pregunto por qué tengo que ser como los demás.
Hoy he recorrido casi todo el trayecto que va hasta mi oficina caminando hacia atrás sin tener cuidado de chocar. De hecho, he tropezado con dos señoras que iban en chandal al monte, un hombre con gafas "varilux" que leía el periódico y perseguía a la vez un buen culo (ese sí me ha esquivado), y un montón de paquetes con una joven que sólo tenía dos piernas antes de que cayeran los paquetes y como si de un striptease se tratara iban descubriendo, primero sus preciosos ojos, su melena, unos gráciles brazos, buenas tetas y un apetitoso ombligo que llevaba al descubierto, mientras el suelo formaba un bodegón a base de paquetes de colores tan digno de alabanza como la belleza que acababa de descubrir.
Me he dado la vuelta y he recogido todo lo que he podido sin poder quitar la vista de sus increíbles ojos que no son ni verdes ni azules ni marrones ni amarillos. Paletas de Edward Munch que cobraban vida y se posaban en mí como si yo fuera un lienzo apunto de ser arrebatado del anonimato.
Me he dejado pintar jugando a ¿quién es quién?(Escuchar cancita: ), dejándome descubrir por ella. Primero en una cafetería, donde, tomando un batido de fresa y otro de chocolate he dejado que me abocetara y después en su casa ,(vive sola y es camarera de un pub de moda.),donde ya me he dejado pintar con mas detalle y profundidad.
Con mi nuevo aspecto, me he vestido y he llamado a la oficina tosiendo para decir que tengo gripe. Al rato y tras un tierno beso me despido de ella diciéndole: " Gracias, has hecho de mí una gran obra de arte." Y otro beso; esta vez más intenso que el anterior; como si quisiera llevarme su alma con la lengua para saborearla después y saber que nunca nos olvidaremos.
Me marcho a casa sabiendo que desde hoy me gusta mas la pintura expresionista. Gracias Susana, me repito cruzando todas las calles desde su casa a la mía, cuatro veces cada una y en zigzag; a la izquierda corriendo y a la derecha muy despacio. Lo mismo hago subiendo los setenta y cuatro escalones que me llevan desde el portal hasta la puerta de mi casa, pero unos de dos en dos y otros de tres en tres.
Hoy no he encendido la tele en todo el día; tan solo unas velas y escribir una carta sin destino conocido:
"Las luces de los lados son más débiles que tú. Te dejan respirar y no hay cuidado de que te pueda ocurrir algo que no esperas. Mantienen tus sentidos despiertos porque te obligan a mirar con el reojo.
Si pones una vela en el centro puedes conseguir una paz que no te esperas, porque lo que ves no es la realidad tal como es, sino un espíritu intranquilo que se mueve al ritmo de los latidos de tus labios.
Antonio Vergás."
Creo conocer todas las verdades y me miro en los cristales de la ventana viéndome a mí y a la calle a la vez. A veces veo más de mí y otras más de los demás pero siempre con mi reflejo presente... como un Dios que lo abarca todo.
29 DE JUNIO:

Después de caer estrepitosamente de la cama; era una cama de hierro, de las que hay que saltar para meterse en ella, bajé a la cocina. Recuperé la consciencia leyendo por enésima vez las propiedades calóricas y los ingredientes del yogur que estaba comiendo, fui al baño y escruté mis facciones ante el espejo. Un día más, me dije, y comencé a preparar una excusa para volver a faltar al trabajo. Finalmente, con una pinza en la nariz y tosiendo mucho llamé para decir que tenía gripe.
Al salir de casa me santigüé. No sé exactamente por qué; yo soy ateo, casi no creo ni en mí, pero, como lo solía ver hacer a algunas viejas e incluso a deportistas de elite cuando se enfrentan a alguna gesta importante, pensé que quizá yo también tuviera algo que agradecer y que no sabía lo que me podía ocurrir ese día. Crucé tres semáforos en rojo, dos pasos de cebra sin mirar y llegué al bar de Nino. -"un pincho de tortilla y una caña." - ¡Coño! Cómo tú por aquí, ¿no trabajas hoy?. - Hmssí... bueno... me debían algunos días de vacaciones... - ¿Quieres el periódico?, hoy no ha habido ninguna catástrofe y no sale ninguna jilipollez de políticos en primera página, parece que promete...
Abrí el periódico por la mitad y mordí el pincho de tortilla llevándome en el primer bocado todo el pimiento, algo que siempre me ocurría y que no por eso dejaba de molestarme mucho. ¡Mierda! -La bolsa cae como a plomo, los japoneses son idiotas y los americanos han perdido el Norte.- (No tengo acciones y nunca me ha preocupado la economía, pero por algún sitio tenía que descargar mi mala hostia).
Bebí media cerveza de un trago, respiré hondo y cerré el periódico.
¡Nino!, ¿Sabes algo de Tomás?; hace días que no le veo y tengo que hacer algo con él. - Estuvo ayer a la tarde; él también me comentó que quería verte. Me dijo que quería hablar contigo y que pasaría hoy más o menos a la misma hora; a media tarde o así.
Terminé la cerveza y eructé en bajo. - Apúntame esto, voy a dar una vuelta y paso después de comer. Si viene Tomás le dices que vuelvo, que me espere. -Vale ala! . - ¡Hasta luego!.
Entré en tres tiendas de ropa.- Sólo quería mirar, gracias. Y en cuatro librerías... Anduve mucho.
Cuando volvía hacia el bar de Nino, me dediqué, para pasar el rato, a contar las mujeres que iba encontrándome y a clasificarlas por edades, color de pelo y tamaño de sus culos. Llegué al Bar.
Nino!. Una caña... ¿ha venido Tomás?. - Sí está en el baño haciendo un peta. - No sé si será el mejor momento, estando morados, para hablarle de mi proyecto. : " El hombre ignífugo". Pensé.
En el primer sorbo, una bocanada de humo pasó ante mi nariz el tiempo suficiente como para que mi olfato adivinara que ese costo era de Tomás. -" Hombre Tomás ya me ha Costado dar contigo, ¿Dónde te metes, tío.?. - he estado en Sopelana currando en un garito y por el día duermo...
¡Hostia!. ¿Te ha pasado algo?. Estás todo blanco macho. - No, nada... Ya te contaré... eeh... es un poco largo.
Miré a otro lado, - "hoy no se lo digo" me dije. Tiré una bola de papel que había hecho con una servilleta, tomé el porro y me puse a fumar. Aspiré hondo y mantuve el humo en mis pulmones por unos instantes, volví a hacer lo mismo otras tres veces y lo dejé en el cenicero mientras miraba a Nino con una ceja levantada. Nino lo cogió mirando a ala puerta y se fue a la trastienda a cambiar cajas de coca-cola.
Tomas hablaba muy poco y fumaba mucho costo. Normalmente cogía una banqueta, ojeaba cualquier revista que hubiera en el mostrador y miraba de vez en cuando en derredor. Cuando se le ocurría algo lo decía y yo le contestaba o no.
En ese transcurrir fue llegando gente y las conversaciones fluían por todas partes. Yo ya estaba ciego y ensimismado, sonreía de vez en cuando pero mi cabeza estaba en otra parte. Decidí disfrutar del morón utilizando mi capacidad de abstracción. Fijé la mirada en el suelo y me concentré en los zapatos de la gente. Había zapatos que buscaban pareja, otros parecía que conversaban entre ellos mirándose de frente; algunos danzaban sin rumbo fijo mientras esquivaban a otros que iban y venían a su alrededor. Los habías estáticos, territoriales, altos, bajos, feos, con tacón, sin él, limpios, sucios, nuevos y viejos, danzones, malabaristas, tímidos, intrépidos,... y unas sandalias de cuero con calcetines de punto. Ha venido Hans, creía que seguía en Alemania, me dije, y subiendo la vista comprobé que era él, le saludé y empecé a fijarme en los vasos. Volaban a mi alrededor, danzaban y se vaciaban... "vaya morón" dije a los ojos llenos de venitas rojas de Tomas. " Sí, yo también, dijeron sus labios. "¿Otra birra?" - Vale, pero sólo una más que tengo que madrugar. Bebimos dos y nos fuimos.
Enfrascado en mis asuntos y aun a sabiendas de que había estado toda la tarde buscando a Tomas para explicarle mi proyecto, llegué a casa sin cruzar una palabra con él salvo un hasta mañana mientras abría la puerta.
Después de abrir la nevera y comprobar que los tres yogures, la caja de leche y cuatro cervezas, no se habían movido, me desnudé y me tumbé en el sofá para hacer un poco de zapping mientras escrutaba alguna revista y fumaba y fumaba...
Suena el teléfono.- ¿Sí? - La has cagado hijo de puta, te vas a enterar. ¡Clic!.... No reconozco la voz y no me explico la amenaza. No tengo mucho dinero ni he estado nunca metido en líos y sin embargo soy una de las miles de personas que reciben una llamada anónima al día. Tras no darle demasiadas vueltas al asunto, llego a la conclusión de que se han equivocado de número y empiezo a entrar en un estado pre-rem en el que se confunden los sueños con la realidad. En la tele he dejado puesta " Misterioso asesinato en Manhattan". Mis ojos se van cerrando y mi cuerpo se aletarga plácidamente como casi todos los días.
Aparecen imágenes ante mí en hilera y me sobresalto cuando veo un primer plano de Tomas, muy pálido. Mi cerebro relaciona la imagen con la llamada telefónica y una sensación de ahogo oprime mi pecho. No es la primera vez que Tomas da mi número de teléfono como suyo porque él sólo tiene un móvil y lo suele olvidar en casa, por lo que llego a la conclusión de que está metido en un lío y no está en casa. Airtel me dice: "El teléfono móvil al que llama está fuera de servicio o no tiene cobertura".
¡Mierda!. Me levanto, salgo y entro en todas las habitaciones de mi apartamento con rapidez y mirando en todas las direcciones, miro debajo de la cama y abro todos los armarios, apago la tele cuando el viejo entra en el viejo teatro y me quedo mirando los espejos de mi habitación como esperando que una silueta se dibuje tras de mí. Al ver que esto no ocurre, transcurridos unos minutos, me subo a la cama y decido dejar de fumar porros.
Duermo toda la noche.